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Juanma Garrido Anes
Estadio Deportivo
Qué hartura de desmadre. Ya nos habíamos acostumbrado a que los informativos, periódicos y boletines de radio nos ofrecieran un panorama en el que los escándalos ocuparan una escala más relevante que las noticias importantes de verdad, pero es que ahora el deporte ya no le va a la zaga. Es cierto que hace tiempo que en este mundillo ya se habla más de que ése se llevó el dinero, el otro le ayudó y el de más allá hizo la vista gorda, pero es que nuestra hipersaturada actualidad provoca que la realidad supere a la ficción con creces.
Días atrás discutía (algunos cursis dirían que tuve un 'intercambio bidireccional de opiniones' para ser políticamente correcto, pero no, era una discusión como una catedral, de las de siempre) sobre la idoneidad de que Del Nido siguiera o no al frente de la nave sevillista; mi oponente creía que sí y lo defendía con argumentos sostenibles, no lo dudo, remarcando la separación entre la vida personal y la labor empresarial del abogado en el Sevilla FC. Pero a mí eso no me vale, qué quieren que les diga. Un individuo no tiene dos identidades, no creo que se vista de una forma mientras disfruta de su privacidad y otra sólo cuando aparece en su cargo. El Rey de España lo es las 24 horas del día, el Jefe de Policía de mi ciudad también, el presidente de Coca Cola lo mismo y, de forma idéntica, el jugador de un equipo no deja de representar a ese escudo cuando termina su jornada de entrenamiento. Por eso yo argumentaba que no entendía por qué De Nido, listo como él sólo, prefería parapetarse en el club hispalense pese a que él mismo reconocía que podía dañar la imagen del Sevilla, al que tanto quiere (algo que nadie duda).
La discusión acabó pronto pero los dos finalizamos con una afirmación común: aquí no dimite nadie, manda… lo que dijo Trillo en el Congreso. Y no va sólo por Del Nido, sino por todo 'quisqui'. Mientras que dos años atrás en Alemania un ministro dimitió porque había copiado una tesis doctoral que se adjudicó como propia sin serlo, en España ya puede uno estafar centenares de millones y arruinar a su propia empresa, al Ayuntamiento de turno, cerrar siete entidades, llevar a la quiebra un club de fútbol, zamparse unas vacaciones con toda su familia en un Mundial a costa del erario público (o sea, de mi pasta y la de todos los mortales), de que el fraude sea la forma de entender la vida de alguno… que hasta que no le echan a patadas de donde sea, no se mueve ni un centímetro de su silla. A las pruebas me remito.
Y esto no hay forma de remediarlo o, al menos, yo no veo solución ni a largo plazo. Y si nadie por vergüenza torera lo hace en aspectos vitales, menos dignidad encuentra uno en el aspecto deportivo. ¿Cuántos presidentes, consejeros, directores deportivos, entrenadores o jugadores han reconocido que no merecen formar parte de una institución pese a hundirla de forma más catastrófica que al Titanic? Yo conozco un par de casos, no más, y llevo ya unos cuantos años en esto. La decencia no es parte de la vida ni del deporte, por mucho que la gente se engañe al ver a uno besar un escudo o llorar portando una bandera a la que pasado mañana maltratará si le conviene. Una auténtica pena, porque eso lo sufrimos todos.
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