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La Platea
de Juanma Garrido Anes
Hace tiempo que ni veo, ni oigo ni leo aquellos arrebatos de pasión que a algunos les cegaba en los que se lamentaban de que la afición recreativista no fuera como otras cercanas. Según ellos, esos seguidores vecinos “siempre están con el equipo y siempre animan, pase lo que pase”. Ya, claro…y Espinete tiene vida propia. Siempre he dicho que esa afirmación tenía dos problemas: o jamás han entendido cómo funciona este mundillo, lo que es bastante triste, o deforman la realidad, lo que es peor. Allá cada uno con sus actos, pero la hemeroteca no engaña. Lo que no entiendo es por qué ciertas personas se flagelan sin cesar por considerar a esta afición peor que cualquier otra.
Aquí muchos han abogado por la necesidad de que la afición más antigua de España deba parecerse a alguna que vista de rojo y blanco, verde y blanco e incluso de amarillo. A los que miran siempre con anhelo a 90 kilómetros de la capital, habrá que recordarles, por ejemplo, que por los altos precios, por el juego del equipo o por lo que sea, no se llenó el Sánchez Pizjuán en la vuelta de unos octavos de final de la Liga de Campeones, situación en la que no se ha visto el Sevilla en toda su historia; o que medio estadio despidiera con pitos a equipo y presidente, quien ha llevado de la miseria a la gloria al club en muy pocos años. Está claro: en ningún lado hay memoria.
A los que envidian a los de la otra orilla, que miren el descenso de abonados y de asistencia al antiguo Benito Villamarín, que se acrecienta cada temporada. Esos deben tener también presente que, cuando ese equipo está lejos de de su objetivo, se repite una y otra vez aquello de “jugadores mercenarios”, desde la grada con asiduidad, frase también cantada por los béticos en Huelva hace pocas fechas y que no considero que sirva de demasiado aliento. Otros, con el Cádiz líder de Segunda hace algunas temporadas y con los cadistas en Primera, ponían a los amarillos como ejemplares. Hoy, con el equipo al borde del descenso a Segunda B, polémicas en cada partido y una asistencia media al Carranza sensiblemente inferior a la del Nuevo Colombino, los que defenestraban a los recreativistas al compararlos con los gaditanos, no dicen ni pío. Incluso algunos suspiraban en tiempos porque la afición del Recre se asemejara a la de Jerez. Sin comentarios.
Esto no tiene truco: cuando las cosas marchan bien, el que está la grada suele dejar de comer pipas para cantar y aplaudir sin cesar. Pero cuando todo se tuerce, quizás la masa aguante la alegría un tiempo, pero no por los siglos de los siglos. No soy nadie para decir que la afición onubense es la mejor de España, pero sí pongo la mano en el fuego al afirmar que no tiene que envidiar nada a ninguna otra. Es más, su tranquilidad (que no apatía) en tiempos de problemas beneficia a más de uno que la desprecia. Pero ni eso valoran. Ellos sabrán.
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